¿Conoces a alguna persona que cuente los días que faltan para volver al trabajo y que desee que pasen rápido? ¿Y a alguien que prefiera un lunes a un domingo? Existen y son más de las que crees. De hecho, algunas personas se sienten más solas, más perdidas o tristes en las vacaciones de verano que en cualquier semana del año. Y eso es algo que merece atención, precisamente porque no se cuenta a la ligera y porque a quienes lo viven les da vergüenza reconocerlo. Y la razón no es otra que suponer que, como se cuenta popularmente, el verano es la estación de la felicidad. Así se defiende en el imaginario colectivo y por eso sentirse mal en vacaciones está mal visto e incluso puede llegar a tener el sabor amargo de un fracaso personal.
Lo cierto es que esto que comentamos se debe a que la estructura laboral cumple una función psicológica de la que no se habla mucho. Y esa función pasa por organizar el tiempo, dar sentido a los días, proporcionar identidad, generar vínculos y ofrecer un marco dentro del cual la mayoría de las personas saben quiénes son y qué se espera de ellas. Y claro, lo que sucede es que cuando esa estructura desaparece de golpe, algunas personas se liberan; pero otras se sienten bastante perdidas.
Para quienes viven solos y no tienen a nadie con quién compartir actividades de ocio o de disfrute, es posible que las vacaciones de verano pueda amplificar la soledad no deseada de una manera que el ritmo laboral lograba amortiguar. Y para quienes atraviesan una ruptura, una pérdida o un duelo, el tiempo libre sin estructura puede llegar a convertirse en un espacio doloroso, largo, tedioso y difícil. Y para las personas que no sobrellevan bien el silencio, el aburrimiento o la relación con sus propios pensamientos, las vacaciones pueden resultar más agotadoras que cualquier semana de trabajo.
Los perfiles que más lo sufren
Aunque no existe un único perfil para quien el verano resulta difícil, la psicología ha identificado algunos patrones recurrentes:
Las personas con alta orientación al logro o cuya autoestima está estrechamente vinculada a la productividad suelen experimentar una pérdida de sentido durante las vacaciones que les genera más ansiedad que descanso.
Las personas con tendencia a la rumiación encuentran en el tiempo libre el caldo de cultivo perfecto para que los pensamientos negativos se amplifiquen.
Y quienes cuidan de familiares dependientes, de hijos pequeños o de personas mayores descubren que el verano no es una pausa sino una intensificación de las demandas emocionales, (incluso también físicas) sin la válvula de escape que el trabajo proporcionaba.
A todo esto hay que sumar la comparación social. Las redes sociales convierten el verano en un escaparate de vidas perfectas que agudiza la sensación de estar fallando en algo que todo el mundo parece hacer bien..
¿Es mejor llenar la agenda de planes?
La respuesta más habitual ante la incomodidad del verano es intentar eliminarla a toda costa: llenar la agenda de planes, forzar la diversión, compararse con versiones idealizadas de uno mismo o minimizar lo que se siente con un «tampoco es para tanto, son solo vacaciones». Ninguna de estas estrategias funciona porque todas comparten el mismo error de base: tratar el malestar como un problema que hay que resolver en lugar de como una señal que merece atención.
La psicología contextual propone hacer espacio para lo que aparece, observarlo sin juzgarlo y actuar desde los propios valores en lugar de desde la huida. El verano difícil no es un fracaso, sino que con frecuencia es una oportunidad de escucha que el ritmo intenso del resto del año no permite.
Cuándo pedir ayuda
Sentirse mal en vacaciones no siempre requiere intervención profesional. Pero cuando el malestar es intenso, persistente o interfiere de forma significativa con la capacidad de funcionar y relacionarse, pedir ayuda es una buena decisión. El verano, con su mayor disponibilidad de tiempo y su distancia del ruido cotidiano, puede ser el momento más propicio para dar ese paso.
Los Programas de Ayuda al Empleado están disponibles precisamente para estos momentos que no encajan en ningún diagnóstico obvio, son difíciles de explicar y cuesta sostener en silencio.
En yees! sabemos que el malestar no entiende de calendarios ni de estaciones. Acompañamos a las personas en los momentos en que más lo necesitan, también en los que la opinión ajena espera que todo vaya bien.
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- Elena Sánchez Escobar, cofundadora de yees!, directora clínica y de operaciones, habla en Diario ABC sobre este tema: Soledad no deseada, la nueva pandemia silenciosa.
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