Las comisiones de empleo y recursos humanos y de salud de Madrid Foro Empresarial han elaborado de forma conjunta diez medidas para impulsar entornos de trabajo más saludables.
El decálogo, presentado por Javier Cantera en el encuentro-debate Salud Mental y Empresa de Madrid Foro Empresarial, es fruto del trabajo de los miembros de las comisiones de empleo y recursos humanos y de salud de Madrid Foro Empresarial, lideradas por Javier Cantera, coordinador de empleo y recursos humanos, y María Dolores Rubio, coordinadora de salud de la entidad.
Una de las premisas sobre la que se ha trabajado en estos diez puntos es que la salud mental ya no puede quedar fuera de la estrategia empresarial; y que cuidar el bienestar psicológico de los empleados es una cuestión de responsabilidad, pero también de competitividad, compromiso y prevención del absentismo.
Así, Madrid Foro Empresarial plantea diez medidas para impulsar entornos de trabajo más saludables.
1. Sin salud emocional, no hay salud laboral.
La salud psicológica debe ocupar un lugar prioritario en la gestión de las empresas, al mismo nivel que la salud física y la prevención de riesgos laborales.
2. La salud mental requiere profesionales, no improvisación.
Las empresas deben integrar el bienestar psicológico en sus políticas de prevención de riesgos laborales y contar con profesionales de la psicología para diseñar, aplicar y evaluar sus planes de bienestar y salud mental.
3. El bienestar debe tener un plan, no quedarse en una declaración de intenciones.
Madrid Foro Empresarial propone impulsar planes específicos de bienestar y salud mental, diseñados con la participación de la plantilla y con objetivos medibles, adaptados a las necesidades de los trabajadores. Estos planes deben integrarse en la estrategia y la cultura de la empresa, con medidas concretas que permitan evaluar sus resultados.
4. No basta con evitar los entornos tóxicos: hay que construir entornos saludables.
Las empresas no son las únicas responsables del bienestar personal de sus empleados, pero deben prevenir las dinámicas laborales que deterioran su salud psicológica. También deben fomentar los factores que la protegen: el reconocimiento, las buenas relaciones entre compañeros y el sentido del trabajo.
5. Desconectar del trabajo también debe ser un derecho real.
La desconexión digital debe traducirse en protocolos claros que regulen las comunicaciones profesionales fuera del horario laboral y eviten la disponibilidad permanente.
6. El estrés laboral no debe normalizarse: hay que prevenirlo.
Las empresas deben identificar los factores que generan estrés y actuar tanto sobre sus causas como sobre sus consecuencias. La prevención no puede recaer únicamente en el trabajador ni limitarse a técnicas individuales de relajación: también exige una organización del trabajo saludable, flexibilidad, autonomía para realizar las tareas y tiempo real para recuperarse.
7. El burnout pasa factura a las personas y a las empresas.
El agotamiento profesional puede provocar desconexión emocional, pérdida de compromiso y absentismo. Detectarlo y prevenirlo debe ser una prioridad empresarial.
8. Hablar de salud mental sin miedo: crear entornos de confianza.
Hablar de salud mental no debe ser motivo de vergüenza ni de temor a las consecuencias profesionales. Las empresas deben combatir el estigma y promover entornos psicológicamente seguros, donde los empleados puedan expresar sus dificultades sin miedo a ser juzgados. La confianza fortalece el compromiso y mejora la relación entre las personas y la organización.
9. Los mandos son la primera línea de cuidado.
Formar a quienes dirigen equipos para detectar señales de alerta, abordar conversaciones sobre salud mental y saber cuándo y cómo derivar a profesionales especializados es una medida clave para prevenir problemas y construir entornos laborales más saludables.
10. La tecnología debe anticipar, prevenir y proteger.
Las herramientas digitales y las soluciones de inteligencia artificial aplicadas a la salud mental deben permitir evaluar de forma continua los riesgos psicosociales, detectar señales tempranas de malestar y actuar antes de que deriven en bajas o patologías. Para ello, deben basarse en evidencia científica, contar con validación adecuada y estar supervisadas por profesionales de la psicología. Su utilización debe garantizar en todo momento la privacidad y la confidencialidad de los datos. Medir es el primer paso para prevenir, pero hacerlo de forma ética es imprescindible para proteger a las personas.
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