El arranque laboral tras las vacaciones de verano llega con una promesa de energía renovada y, casi en el mismo momento, con un calendario que se llena antes de que el mes haya comenzado de verdad. Reuniones de arranque, reuniones de planificación, reuniones de seguimiento, reuniones para ponerse al día tras el verano. Y entre reunión y reunión, la sensación creciente de que la vuelta al trabajo no está siendo un impulso sino una carga que se acumula.
Y esto, más que una percepción subjetiva, es el resultado de una cultura organizacional que confunde actividad con productividad y que trata septiembre como si fuera un mes cualquiera con más cosas pendientes..
El error más frecuente en el arranque
La tentación en septiembre es conocida: recuperar el tiempo perdido. Llenar la agenda de encuentros, poner encima de la mesa todo lo que hay que hacer, recordar los objetivos de cierre de año y transmitir urgencia desde el primer día. Es una respuesta comprensible a la presión del último trimestre, pero tiene un coste psicológico que los líderes suelen subestimar.
Un equipo que regresa de vacaciones con distintos niveles de energía, distintos estados emocionales y distintas expectativas sobre lo que les espera no está listo para absorber un aluvión de reuniones encadenadas en los primeros días. Lo que necesita, antes que información, es reorientación. Saber que alguien al mando ha pensado en cómo volver, que conoce el contexto en el que se reincorporan y que no va a tratar septiembre como si fuera un lunes cualquiera de cualquier mes.
Reuniones bien diseñadas
Una reunión de septiembre bien diseñada no es una reunión de trabajo al uso. Es un ritual de reencuentro que cumple funciones psicológicas concretas: restaura el sentido de pertenencia, recalibra las expectativas, redistribuye la energía y reactiva el vínculo entre las personas que forman el equipo. Y eso no requiere más tiempo: requiere más criterio.
El problema no es que haya muchas reuniones en septiembre. El problema es que se convocan sin preguntarse si son necesarias, si están bien secuenciadas y si el equipo tiene la capacidad emocional real de aprovecharlas. Una agenda de septiembre que respeta esas preguntas es una agenda con criterio que genera claridad. Una agenda que las ignora genera agotamiento antes de que el mes haya cogido velocidad.
Claves para gestionar el aluvión de citas
Gestionar bien las reuniones de septiembre no es una cuestión de eficiencia sino de liderazgo. Las organizaciones que lo hacen bien comparten algunas decisiones en común. Auditan el calendario antes de convocarlo: qué reuniones son imprescindibles esta semana, cuáles pueden esperar a la siguiente y cuáles no tendrían que existir en ningún momento del año.
Secuencian con criterio: primero el reencuentro y la orientación, después los de planificación y objetivos, después los operativos. Y protegen el tiempo de trabajo real entre reuniones, sabiendo que un equipo que pasa el día de reunión en reunión no tiene espacio para pensar, decidir ni producir.
Lo que no hacen es empezar por los números, los plazos y los objetivos antes de haber mirado a las personas que tienen delante.
El liderazgo que septiembre necesita
Gestionar bien la vuelta es una competencia de liderazgo que requiere haber pensado de antemano en cómo está el equipo, qué necesita en este momento concreto y cómo crear las condiciones para que el arranque sea un impulso y no una carga adicional sobre personas que todavía están reajustando su ritmo.
Los equipos que arrancan bien en septiembre no lo hacen por casualidad. Lo hacen porque alguien pensó en ellos antes de que llegara el primer lunes. Y porque ese alguien entendió que liderar bien la vuelta es tan importante como liderar bien el resto del año.
En yees! trabajamos con líderes y organizaciones para desarrollar las competencias que permiten gestionar equipos de forma saludable en todas las fases del año. Porque el primer mes del último trimestre marca el tono de todo lo que viene después
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