A medida que avanza el año, muchas personas experimentan una sensación difícil de explicar: el impulso con el que empezó enero ya no está. La energía baja, la motivación se diluye y tareas que antes resultaban asumibles empiezan a pesar más de lo habitual.
En los equipos, esto se traduce en menos iniciativa, menor participación y una cierta sensación de “ir tirando”.
A menudo se interpreta como falta de compromiso o simple cansancio. Pero, en muchos casos, hay algo más.
El bajón del segundo trimestre
Tras los primeros meses del año —marcados por objetivos, planificación y un alto nivel de activación— es habitual que aparezca una caída progresiva de la energía emocional (o incluso una cierta fatiga emocional silenciosa).
Es lo que podríamos llamar el “bajón del segundo trimestre”: un momento en el que la novedad desaparece, las exigencias se mantienen y el cuerpo y la mente empiezan a notar el desgaste acumulado.
Desde la psicología, este fenómeno tiene sentido. El esfuerzo sostenido sin pausas reales ni espacios de recuperación acaba pasando factura, aunque no siempre de forma evidente.
Cuando el cuerpo también influye: alergias y astenia primaveral
A este contexto se suman factores físicos propios de esta época del año.
Las alergias estacionales pueden afectar directamente al descanso, a la concentración y al nivel de energía. La irritación, el cansancio o la falta de sueño generan un impacto que no es solo físico, sino también emocional.
Por otro lado, la llamada astenia primaveral —una adaptación del organismo a los cambios de luz, temperatura y ritmo— puede provocar síntomas como fatiga, dificultad para concentrarse o cambios en el estado de ánimo.
Aunque estos factores no afectan a todas las personas por igual, sí contribuyen a una sensación general de menor energía que puede influir en el rendimiento y en la percepción del trabajo.
Desgaste emocional silencioso
Más allá de lo físico, este periodo suele coincidir con la aparición de un desgaste emocional silencioso.
No siempre hay conflictos ni problemas visibles. El trabajo se sigue haciendo. Pero aparecen señales más sutiles:
- Menor participación en reuniones
- Dificultad para concentrarse
- Pérdida de iniciativa
- Sensación de saturación
- Menor tolerancia a la frustración
Estas señales no suelen verbalizarse, pero indican que el sistema emocional está empezando a sobrecargarse.
Y cuando no se atienden, pueden evolucionar hacia desmotivación, desconexión o burnout.
Fatiga, rutina, ¿o algo más profundo?
Es fácil atribuir este momento a la rutina o al cansancio puntual. Sin embargo, en muchos casos se trata de una combinación de factores:
- Exigencia sostenida sin recuperación suficiente.
- Pérdida de sentido o conexión con el trabajo.
- Sobrecarga cognitiva y emocional.
- Factores físicos que intensifican el cansancio.
Entender esta complejidad es clave para no simplificar el problema… y poder abordarlo adecuadamente.
El papel de los líderes y de RRHH
Este tipo de momentos no requieren grandes cambios estructurales, pero sí una mayor sensibilidad y capacidad de observación por parte de la organización.
Algunas claves importantes:
Reconocer el momento emocional del equipo
No todos los periodos del año se viven igual. Ajustar expectativas y ritmos puede marcar una gran diferencia.
Abrir espacios de conversación
Preguntar cómo están las personas, más allá de las tareas, permite detectar señales tempranas. El lenguaje en el trabajo importa más de lo que creemos.
Revisar cargas y prioridades
En momentos de menor energía, priorizar y redistribuir puede evitar el desgaste acumulado.
Normalizar la variabilidad en la motivación
La motivación no es lineal. Entenderlo reduce la presión y la autoexigencia.
Acompañar para prevenir
En Yees! trabajamos con organizaciones que entienden que estos momentos no son una anomalía, sino parte natural del ciclo emocional de los equipos.
A través del acompañamiento psicológico, la formación a líderes y la creación de espacios de escucha, ayudamos a identificar este tipo de señales antes de que se conviertan en problemas mayores.
Porque cuidar la salud mental no consiste solo en intervenir cuando algo falla, sino en acompañar los momentos en los que la energía baja, la motivación cambia y el equipo necesita otro tipo de apoyo.
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Si tu equipo está más cansado de lo que dice… ¿lo estamos sabiendo ver y cuidar a tiempo?
